OPINIÓN | El arte, los artistas, son
adjetivados según el medio en dónde se mueven, según las críticas que obtienen,
según los premios que ganan o según los directores con los que trabajan.
Las trampas de la cabeza
Que Fernando Cabrera haya sido tapa de la
Rolling Stone, no lo hace mejor artista de lo que ya era.
En la edición de la revista Rolling Stones
de Julio aparece en su tapa Fernando Cabrera. Impecablemente vestido, dicha
imagen no hace más que confirmar lo que muchos sabemos. El cuidado de Cabrera
por los detalles que hacen a su imagen como artista.
La Rolling Stones ha sido un punto de
referencia para los amantes de la música a lo largo de los años, así como
también lo ha sido MTV más allá de las consideraciones que cada uno pueda hacer
sobre los contenidos de ambas plataformas, sobre todo, pasados los 90.
Dicha tapa se ha propagado en la web con la
común velocidad de todas aquellas noticias que de alguna u otra manera nos
llaman la atención, así como también los comentarios elogiosos hacia la tapa y
el artista. Cosas como: “Te lo mereces”, “Bien ahí” y etcétera, etcétera. Y
entonces pienso sobre la importancia que le damos a determinadas cosas que poco
tienen que ver con el hecho artístico en sí mismo, con la calidad del artista.
De alguna u otra manera la publicación del artista en algunas plataformas de referencia,
el otorgamiento de premios, los espacios físicos dónde el artista realiza sus
obras, con quién trabaja ese artista, parecen ser elementos que adjetivizan el
trabajo realizado. Lo mismo pasa con la crítica hacia la obra. Dependiendo de
quién y sobre todo en qué medio la realice suele otorgar más importancia,
distinción, al producto que el producto por sí solo.
Hace un tiempo The Washington Post realizó
un interesante experimento: colocó a Joshua Bell, un importante violinista en
el metro a ejecutar algunas piezas con su Stradivarius (valuado en 3.5 millones
de dólares). El experimento intentaba analizar la capacidad de los ciudadanos
para apreciar el arte. Entre los cientos de personas que pasaron por allí sólo
una mujer lo reconoció, quien dos semanas antes lo había visto en la biblioteca
del Congreso.
Posiblemente hubiera sido otra la reacción
si las personas hubieran sabido quien era aquel personaje que estaba ejecutado
el violín.
Lamentablemente el arte, los artistas, son
adjetivados según el medio en dónde se mueven, según las críticas que obtienen,
según los premios que ganan o según los directores con los que trabajan. Todo
esto parece ser más importante que el trabajo que realizan. A mi entender la
Rolling Stones es un producto bastante pobre, lleno de productos artísticos que
pretenden vender una imagen rebelde que no tienen: Lady Gaga con una
ametralladora en su mano y cara desafiante, no es más que una caricatura. Y la
discrepancia no radica en la estética
elegida para dicha tapa sino en el intento de vender a la rebelde, no a la
caricatura. MTV hace más o menos lo
mismo. Se ha convertido en una caricatura de lo que fue.
VALOR | Que Fernando Cabrera aparezca en la
tapa de la Rolling Stones no le suma ninguna perla a su collar. Cabrera es una
gran artista. Que aparezca en la tapa de dicha revista debería ser
anecdótico. Que alguien gane un premio
por su obra no debería enaltecer su obra. No debería ser peor o mejor
espectáculo que un trabajo se presente en el Solís o en Casa de la Cultura de
Libertad. He visto cosas muy buenas y muy malas en ambos espacios.
Lo realmente trascendente debería ser el
valor que cada individuo le otorga a esa pieza según el intercambio emocional y
racional que se produce al escuchar, ver, percibir una obra de arte, a partir
de las propias experiencias. Lo demás son fuegos artificiales. ¿Qué valor le
agrega a la obra de Cabrera el hecho de aparecer en la tapa de dicha revista?
Un amigo me decía que sin duda iba a ayudar
a la difusión del músico en Argentina. Lamentablemente no será así ya que la
tapa de la edición Argentina cuenta con Lanata en la misma y no con Cabrera. El
comunicador mira desafiante al fotógrafo (o sea a nosotros), mientras sostiene
el seguro de una granada que ha quitado en su mano, y a pocos centímetros,
sobre una mesa, la granada.
La Rolling Sones, revista supuestamente
dedicada a la actualidad musical, coloca a un comunicador en una actitud
desafiante, rebelde, explosiva, que a la vez trabaja para uno de los medios más
reaccionarios y conservadores de América, el Grupo Clarín, y deja fuera de la
tapa de su mayor tiraje a uno de los más prolíferos y destacados artistas del
Río de la Plata.
Cabrera es Cabrera, más allá de tapas,
premios, si toca en el Solís o Estación
González.
El
sueño de los regazos/ la casa de los abuelos/ el llanto de los payasos, el
pasto de los camellos./ El grito de los partidos, el madrugar del dolor, el
beso y la comunión/. El precipicio del miedo,/las trampas de la cabeza,/la
garra del corazón/ El ruido de la campana, el misterio del molino, la escarcha
dueña del pasto./ La balsa quieta en el río,/ primera vez que estás solo,/
segunda vez que estás vivo./El tren de carga en la loma, el campo está
entredormida, las trancas de la cabeza,/la garra del corazón.





