martes, 15 de diciembre de 2009

Un mundo desconocido

El Policía de recepción me observa: Hace un paneo de toda mi humanidad y frunce un poco el ceño cuando ve mi pantalón deportivo: "¿Así que profesor de teatro?" dice como si enfrente tuviera un neozelandés ensillando un mate. "Date vuelta" agrega y pasa un detector de metales por todo mi cuerpo que a veces suena como si estuviera roto. Lo golpea contra su mano, como cuando uno intenta sacarle el último jugo al control remoto que se está quedando sin pilas. "Esperá ahí, te vienen a buscar y te llevan para allá" "Gracias" digo intentando sacarle un poquito de humanidad. No responde. Viene otro policía que me "pide" que lo acompañe hasta el predio. Mientras caminamos intento ser amable y pregunto como estuvo la semana y él casi sin mirarme vomita: "Mirá, los políticos siempre cerca de las elecciones se acuerdan de nosotros, pero después somos nosotros los que tenemos que ocuparnos de la mugre del país." No supe que decirle. Pensé que en parte aquel policía con cara de "no tengo ganas de hablar" tenía razón. Hay caras serias a lo largo del camino. Paso enfrente a "La lata" y aquello es monstruosamente cruel. Lo más parecido que he visto a las fotografías de los campos de concentración nazis. Sigo andando y llego al sector Barracas. Algunos miran mientras trabajan la tierra. Entro al salón y desde atrás comienzan a llegar los “alumnos” como hormigas. Vienen hacia a mí con la mano extendida, me miran directo a los ojos, aprietan fuerte y dicen : “¿Que tal profesor?” Y sé que intentan descubrir algo, dar el primer paso, dominar. El objetivo de la primera parte del taller fue luchar por desmoronar el personaje que cada recluso se construye en el recinto para poder subsistir. Este personaje consta de características bien marcadas: mirada adusta a los ojos, siempre intentando penetrar al otro e impedir que el otro lo penetre. Es como una gran jaula llena de leones dominantes. ¿Como lograr que estos seres tan escondidos detrás de la armadura pudieran desarrollar su sensibilidad desde este lugar? Y entonces pasan un par de semanas y los milagros comienzan a suceder: Improvisamos y alguien interpreta al escenario del Teatro de Verano. Y habla a los otros, que son murguistas. Y les dice: "Yo los conozco a todos, los he visto a todos, los he sostenido en mi regazo, han reído y llorado encima mío: conozco sus corazones" Hay un silencio y unos poquitos aplausos. Y alguien dice: ta bueno ¿no?. Y comienzan a surgir historias, y a medida que pasan los encuentros toda su humanidad queda al descubierto allí para ser trabajada, observada, apreciada. Y aquel hombre serio con un tajo que le atraviesa la panza ríe como un niño cuando comenzamos a plantear juegos y quiere más. Y uno interpreta una mujer, y luego un mono, y luego un político, y luego un elefante. Y dicen que estaría bueno poder mostrárselo a la familia y a "los capangas". Su sensibilidad también esta presa, y solo basta que uno de vuelta la llave para que todo aquello explote por todos lados, se derrame e inunde todo el salón. Hay que creer, no juzgar, y tratar de ayudar. Porque algún día van a estar afuera. Y porque como me dijo un día uno de ellos invitándome a que trajera un equipo para jugar al futbol: "alguna patadita se van a llevar, pero vengan, nosotros somos gente bien" Fernando Hernández Docente del área teatral. Sector Barracas. Penal de Libertad. elfernandoh.blogspot.com

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